No sueltes la chapa

Comunicación efectiva: NO SUELTES LA CHAPA.

En muchas ocasiones, cuando nos disponemos a dar mensajes para los demás, no pensamos qué quiere nuestra verdadera audiencia objetivo.

Veámoslo con un ejemplo: apuntarte a una oferta de trabajo que has visto que te interesa.

¿Qué se suele hacer en un proceso de selección como candidato? 

Pues haces un CV maravilloso mostrando la excelente formación que tienes, la impresionante experiencia que has conseguido y las fascinantes habilidades que complementan tu perfil con el cargo. 

¿o no?

Y no solo eso, también es habitual adjuntar junto con el CV (que ya es densito de coj***s) una carta de motivación explicando por qué crees tú que eres el mejor candidato para el puesto. 

Claro, ¿qué dices ahí? Lo típico:

Yo… mejor…. 

Yo… experiencia… 

Yo… valores…

Ahora pensemos en quién va a recibir eso, el verdadero receptor del mensaje. 

Lo más probable es que sea alguien de RRHH, que desconoce la gran mayoría de tecnicismos de tu puesto, así como las necesidades prácticas del día a día para el mismo. 

¿Qué es lo que querrá escuchar?

Probablemente menos “yo” y más:

-Si me eliges a mí no vas a cagarla

-No te voy a dar problemas

-Tu jefe estará contento por tu buen ojo

-Soy una persona interesante, tendrás ganas de conocerme 

-Si me entrevistas, no será una charla aburrida, pasarás un buen rato

Diferente, ¿no?

Cuáles son las consecuencias del perfeccionismo

Trabajar bajo presión y en entornos altamente competitivos está bien hasta cierto punto, lo sé por experiencia. 

Trabajé muchos años en consultoría de negocio e innovación. Consigues niveles altos de calidad y exigencia; pero también te acostumbras a trabajar llevando el patrón mental del perfeccionismo a un nivel demasiado extremo.

Al principio el perfeccionismo me iba bien, pero prolongado por mucho tiempo me llevó a…

– Valorarme a mí mismo en función sólo de los éxitos y fracasos cuando nunca son tan evidentes.

– Potenciar la aprobación de los demás y el miedo al rechazo.

– Una autocrítica y autoexigencia exageradas y no objetivas.

– Y la peor: tendencia al pensamiento polarizado (o todo o nada)

¿También te ha pasado alguna vez?

Evidentemente ese nivel de perfeccionismo no es bueno y en mi caso lo aprendí desde el fallo. Empecé a retrasarme mucho en mis entregas, con constantes cambios de enfoque y los procesos se eternizaban. Sufría mucho el proceso de creación y el resultado era mucho peor de lo deseado. Llegó un día que me di cuenta que, como dijo aquel:

“Hecho es mejor que perfecto”.

Trata de hacer bien las cosas, pero no te bloquees ni sufras para hacerlas perfectas, porque nunca lo estarán…

Mi primera presentación a cliente solo

Mi primera vez.

El otro día un cliente me dijo:

-Oye Xavi, presentas muy bien, parece que lo hayas hecho toda tu vida…

Le di las gracias con amabilidad (lo más correcto cuando te alagan es simplemente agradecer); pero me quedé pensando “¿cuál fue la primera vez que hice una presentación a nivel profesional?”

Oh, sí, mi primera vez fue un MARRÓN.

La verdad es que como primera vez no me puedo quejar, fue algo bastante exótico: en Panamá; pero iba a la boca del lobo. 

Por aquel entonces trabajaba en uno de mis primeros contratos saliendo de becario y me mandaron solito a defender un proyecto de casi medio millón de euros a un cliente al otro lado del charco. La situación era complicada, mi empresa estaba en crisis, la gran mayoría de responsables no estaban y me mandaban a mí solo a presentar un proyecto difícil conceptualmente con un cliente que llevaba meses enfadado.

Yo, con mis 20 y pocos, tenía que presentar un mega estudio de necesidades emocionales del consumidor y recomendar diferentes cambios de estrategia de marca a decenas de Brand Managers qué estaban muy contentos con lo que hacían hasta ahora.

No fue bien. 

Mis recomendaciones contradecían muchas de las ideas que venían trabajando y no entendían la metodología en sí. Creo recordar que me comieron, hubo tanta queja que el último día que tuve libre en la ciudad, me quedé encerrado en el hotel esperando que me llamaran para retrabajar cosas.

Pero no recuerdo mucho más, la verdad. Recuerdo sobre todo la sensación de “ahora vas, lo haces y punto. Xavi, aquí no te cuestionas nada, hay que cumplir”. Y así lo hice. 

Cuando tienes un compromiso, lo aceptas y lo haces.

3 consejos para liderar un equipo

Uno de mis mayores retos profesionales ha sido poder dominar la gestión de equipo. No es nada fácil…

Ahora lo llevo más por la mano y puedo decir que es una de las cosas que más me llenan.

Aún recuerdo la primera vez que tuve gente a mi cargo. Entraron dos becarios y aunque me entusiasmaba la idea de formar a gente, no sabía qué hacer en ese momento. Yo tenía mucha carga de trabajo y todo era muy urgente. No podía estar por ellos durante los primeros días y no quería “perder el tiempo” explicándoles las cosas. Así que, para tenerlos entretenidos, me sumé una tarea más: inventarme trabajo para tenerlos entretenidos durante unos días. (No fue fácil, estaban muy motivados y no paraban de hacerlo todo en poco tiempo…).

También recuerdo la primera vez que empezamos a trabajar como un equipo. Fue solo una sensación, pero fue la primera de muchas que han venido más adelante. A pesar de organizarnos cada semana y tener más o menos tareas repartidas, fue muy gratificante ver la primera vez que mi equipo se adelantaba a las necesidades del grupo y hacían trabajo por adelantado. Se me cayó la lagrimita ese día. :’)

Liderar un equipo de gente no es fácil y es importante tener 3 cosas claras:

1, Crea un sentimiento de pertenencia, una identidad de familia. Habrá trabajo en equipo.

2, Trata de tener siempre una hoja de ruta, algo a largo plazo, aunque no esté bien al 100%. Habrá sensación de propósito.

3, Prioriza su crecimiento y exposición a los problemas de forma gradual, pero más rápida de lo que se esperan. Habrá crecimiento.